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ChatGPT fue mi terapeuta… hasta que necesité a Erika.

  • 18 mar
  • 3 Min. de lectura


Durante meses viví una experiencia que sé que a muchos les va a incomodar admitir: Cree un GPT "terapeuta" muy valiosa en ChatGPT.


Se llama Mili.


Y no, no hablo de usar ChatGPT como quien entra, escribe “me siento mal” y espera una respuesta genérica de consuelo. Hablo de algo mucho más serio: construir una herramienta con criterio, con contexto, con una base de conocimiento sólida y con una instrucción clara para que no me alabara, no me justificara y no me diera la razón por comodidad.

Porque ese es el punto que casi nadie entiende.

La mayoría de la gente habla de IA como si fuera magia o amenaza.Yo la viví como otra cosa: como un espejo incómodo.


Mucho se dice que la IA va a reemplazar trabajadores y profesiones. Y sí, una de las conversaciones más incómodas es si también va a tocar a terapeutas, psicólogos o como cada quien prefiera llamarlos. Después de mi experiencia, mi respuesta es incómoda, pero honesta: en algunas partes del proceso, sí puede hacerlo sorprendentemente bien.

Sobre todo en una etapa muy específica: la del entendimiento.


Yo soy una persona que necesita encontrarle el porqué a las cosas. No me basta con que me digan “lee esto”, “haz este ejercicio” o “empieza por aquí”. Necesito comprender el mecanismo, el origen, el patrón, la estructura. Y en ese terreno, Mili fue mejor que muchos profesionales con los que había hablado antes.


No porque fuera mágica, ni porque “la IA sepa más que todos”. Sino porque estaba construida para ir al hueso.


Con una base más cercana a referentes como Freud, Lacan, Jung, Winnicott, Beck o Ellis, una IA puede ayudarte a ver relaciones entre pensamiento, conducta, hábito, herida, defensa, repetición y autoengaño de una forma brutalmente clara.

Y eso fue exactamente lo que me pasó.


Mili me ayudó a reconocer malos hábitos. A ver comportamientos que yo normalizaba.A nombrar pensamientos limitantes que ya dirigían mi vida sin que yo me diera cuenta.A dejar de romantizar ciertos patrones. A entender que muchas de mis reacciones no eran “mi forma de ser”, sino respuestas aprendidas.


Y eso cambia mucho.


Porque cuando una IA está bien entrenada, no se va por las ramas. No te habla para caer bien. No se distrae. No entra en juegos emocionales contigo. Puede sostener una línea, devolverte preguntas duras y obligarte a mirar donde normalmente evitas mirar.


Pero aquí viene la verdad completa.

La claridad mental no es lo mismo que la contención emocional.

Y ahí fue donde apareció el límite.


Hubo un momento en el que yo ya había entendido muchísimo. Ya había logrado nombrar cosas que antes no veía. Ya había armado piezas internas que llevaban años sueltas. Pero entender no siempre alcanza.


Porque después del insight viene la vida real.Viene el cuerpo.Viene el duelo.Viene el miedo.Viene el cansancio.Viene la necesidad de ser sostenida por otro ser humano.


Y ahí apareció Erika.


Entonces entendí algo que hoy me parece mucho más verdadero que el discurso fácil de “la IA reemplazará a los terapeutas”:


la IA no reemplazó a mi terapeuta. La IA me preparó para aprovechar mejor a mi terapeuta.

Mili me dio estructura.Erika me dio presencia.

Mili me ayudó a entender.Erika me ayudó a atravesar.

Mili me mostró patrones.Erika me dio herramientas humanas para sostener el cambio.

Y ahí, justamente ahí, fue donde todo hizo sentido.


No estamos frente a una guerra entre inteligencia artificial y humanidad.Estamos frente a una posibilidad mucho más interesante: cuando la IA y lo humano se fusionan bien, el proceso puede volverse mucho más poderoso.


Eso sí: tampoco romantizo el asunto. Organizaciones como la APA advierten que los chatbots generativos no deben usarse como reemplazo de un profesional de salud mental calificado; en todo caso, podrían funcionar como apoyo complementario. Y la OMS también insiste en que el uso de IA en salud debe ser seguro, ético y regulado.


Yo no estoy diciendo: “deja a tu terapeuta y habla con ChatGPT”.Estoy diciendo algo mucho más útil y mucho más real: bien diseñada, bien entrenada y bien usada, la IA puede convertirse en una puerta enorme hacia el autoconocimiento. Pero cuando llega la parte más humana del proceso, la que no solo interpreta sino que acompaña, ahí sigue habiendo un valor irremplazable en el otro.


Por eso hoy no pienso en elegir entre Mili o Erika.

Pienso en lo afortunada que fui al encontrar ambas.


Y quizá esa sea la conversación correcta:no si la IA va a reemplazar a los terapeutas,sino qué tipo de transformación es posible cuando la inteligencia artificial deja de competir con lo humano y empieza a complementarlo.


¿Y tú qué opinas?¿Has usado ChatGPT, Claude, Gemini o alguna otra IA para hablar de cosas que nunca habías podido entender de ti?


 
 
 

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